Larga vida a Europa

octubre 12, 2012 at 12:56 pm 2 comentarios

Reyes y emperadores tuvieron un mismo delirio durante milenios: dominar Europa. En tamaña empresa fueron pioneros los omnipresentes romanos, modelo de todos los siguientes. Así, tal era el afán de imitación de Carlomagno, el primero de sus seguidores,  que en el s. XIII llamó a sus conquistas “Sacro Imperio Romano Germánico” sin ni siquiera contar entre ellas con la ciudad de Roma.

Más fácil se le presentaron las cosas a Carlos I de España en el s. XVI, que no tuvo que conquistar nada para tener su propio imperio. Simplemente lo heredó: el Sacro Imperio Romano Germánico de su padre y el recién estrenado imperio Español de su madre. Ante semejante dominio, la pompa y la fanfarronería de cada rey que le sucedió era mayor que la del anterior. Pero también lo eran sus ineptitudes y barrabasadas, de modo que las posesiones disminuían continuamente. El escritor Francisco de Quevedo no pudo menos que comparar al rey de turno con un agujero: “más grande es cuanta más tierra le quitan”.

Napoleón fue el siguiente de la lista, en el s. XIX. También siguió el modelo romano: como ya hiciera Augusto César, convirtió a su república en imperio. Entre las naciones que conquistó y las que le adulaban se hizo con casi todo el continente, pero finalmente el sudor inglés, el frío ruso y la testarudez española le pararon los pies.

Y después vino Hitler, ya en el s. XX, engullendo país tras país. Los que iban quedando no se atrevían a ponerle el cascabel al gato, y miraban al techo como si la cosa no fuese con ellos. Pero cuando ya solo había tres países libres en el continente, hicieron de tripas corazón y unieron fuerzas para desvanecer los sueños del último gran emperador europeo.

Cuando lo hicieron, Europa ya estaba exhausta. Sus históricas ciudades estaban arrasadas, sus habitantes muertos o despojados, sus países arruinados. No podíamos seguir tratando así a nuestro viejo continente, pero tampoco podíamos abandonar nuestro empeño de dominarlo. De modo que probamos una nueva fórmula: maniatarnos entre nosotros. De un pacto económico inicial entre seis países en 1951 surgió un pacto político al que cada vez se sumaron más y más naciones, hasta llegar a la presente Europa de los 27.

Todo un acierto, cuyo éxito radica en algo mucho más simple y profundo que la unión política y económica: la convicencia. Ahora, por primera vez, el europeo de a pie tiene al alcance de su mano el continente entero. A nadie sorprende ya ver a ingleses y alemanes codo con codo en Alicante comparando afablemente sus respectivas cervezas. Ya no quieren invadirse unos a otros. Ahora, de verdad, Europa está unida.

Larga vida a Europa.

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Esperanza Aguirre Belleza

2 comentarios Add your own

  • 1. Anónimo García  |  octubre 12, 2012 a las 1:42 pm

    La UE, premio Nobel de la Paz:
    http://internacional.elpais.com/internacional/2012/10/11/actualidad/1349980985_918020.html

  • 2. iosu  |  agosto 12, 2013 a las 5:02 pm

    El libro “Una Europa para dos Españas”, que puedes leer desde mi página, aporta muchas claves explicativas de lo que aquí cuentas. Saludos
    http://zaratiegui.net/

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