M-65

febrero 11, 2011 at 2:09 am 2 comentarios

Veo a Agustín Valverde en cada abuelo que me encuentro. Ya no tan de pueblo, que en algo se tienen que notar los largos años de vida en la ciudad, pero es él sin duda alguna. Sigue llevando la misma indumentaria, quizás algo más dejada por la influencia de los tiempos, y tiene el mismo carácter socarrón y envalentonado. Siempre está dispuesto a ayudar, a pesar de que las más de las veces entorpece; y también está dispuesto siempre a defender sus convicciones, basadas en los pequeños placeres mundanos, aunque estén ya un poco pasadas de moda.

La puesta en escena les acompaña: una enorme ciudad construida en apenas treinta años, uno de los cuales vio llegar a Agustín. Todo en ella recuerda indefectiblemente a esa época: la distribución de los edificios, la arquitectura, las tiendas, los bares. No los coches, por desgracia, que ahora son mucho más agresivos y feos. Pero los edificios, en general desgarbadetes, siguen irradiando la ilusión sus primeros moradores, aquellos que, como Agustín, llegaban a un mundo lleno de oportunidades, donde se respiraba vida y agitación, y que era tan diferente del que ellos conocían en el pueblo.

Agustín tras Agustín, poco a poco esa ilusión me posee a mi también. Me gusta. Me siento fascinado por las luces, la agitación, el sentimiento de “todo es posible”. Con la mirada atenta para no perder un detalle de este mundo fantástico, observo aquí y allí sus símbolos: el elegante café de hace cincuenta años, la peluquería popular de hace cuarenta, las grandes avenidas, símbolo inequívoco de progreso. Me gusta dejarme llevar por ese sentimiento, tal vez porque ya atisbo su fin y me creo uno de sus últimos testigos. Mis Agustines ya están viejos, van muriendo, y la nueva generación crece aburrida de su propia cuna. Quizás, como en todas las urbes que algún día fueron esplendorosas, ahora comience la decadencia. Otra etapa fabulosa, sin duda alguna, que recibiré con los brazos abiertos si se presta a venir. Pero, de momento, permítanme saludar a Agustín.

Extracto de la película “La ciudad no es para mí” (Pedro Lazaga, 1.965). Sus dos protagonistas, padre e hijo, se llaman Agustín Valverde.

Descárguela: http://www.megaupload.com/?d=5G38KRUP

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2 comentarios Add your own

  • 1. Amada Tierra  |  marzo 1, 2011 a las 6:31 am

    😀

    Me ha encantado.

    La esencia no ha cambiado desde 1965…

    (siemprehetenidolasensacióndequeanteslagentevivíaenblancoynegro).

  • 2. Anónimo García  |  marzo 1, 2011 a las 1:44 pm

    🙂

    Yo igual.

    Siempre siento que algo no funciona cuando veo una peli moderna ambientada en los 30.

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